La disciplina positiva no es de padres ñoños, ni nos hace menos estrictos. Ese era mi pensamiento antes. Ahora estoy salvada jejeje

La vida me ha ido enseñando en que casi siempre que prejuicio, me equivoco. Y mucho. Me pasó al venir a vivir a Sevilla. Pensé que se acababa el mundo. Tan lejos de la realidad.. Aquí he encontrado la estabilidad ideal para ver crecer a mis hijos y jamás pensé que podría ser tan feliz. Me ha pasado muchas más veces, pero de la que quiero hablar hoy es de cómo descubrí la Disciplina Positiva.

Cuando Trianita (la primera) tenía un año, empezamos a ver que iba formándose bastante su carácter, pero claro, no teníamos ni idea de cómo actuar.

Le pregunté a mi cuñada (psicóloga) que me recomendara un libro para aprender a educar, y me dijo que comprara Cómo Educar con Firmeza y Cariño.  

A los dos días ya tenía el libro físico y empecé a leerlo. A lo largo de las 10 primeras páginas decía varias veces que “no se debe castigar” y yo no creía en eso. De hecho me iba muy bien “mandar a pensar” a Tri.  Así que lo dejé aparcado casi 3 años.

Cuando Alvarito cumplió año y medio, ya se me hacía complicado gestionar dos rabietas a la vez, las tardes de peleas, los llantos… y cuando yo tengo sueño pierdo la paciencia. Siempre he sabido que no soy una madre paciente y calmada. Para lo bueno y para lo malo. Pero me estaba dando cuenta de que empezaba a gritar más y más y más.

Una de mis mejores amigas en Sevilla, Lucía, tiene 4 hijos entre 8 y 1 años. Ella siempre me daba consejitos buenísimos donde los gritos nunca aparecían.

Hace dos meses nos dio un curso a varias conocidas bajo extrema y desesperada petición. Duró 6 horas de disciplina positiva (es formadora de Centro Integral de Disciplina Positiva). Mi marido también asistió. 6 jueves, 1h30 cada jueves. La mejor inversión de tiempo que hemos podido hacer jamás. Os lo prometo.

disciplina positiva sevilla
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¿Sabéis cual es la base de la Disciplina Positiva? ¡El libro que os he dicho antes! Por eso os digo que la vida está para que seamos capaces de cambiar, de amoldarnos, de aprender, de escuchar… yo no era así y cada vez intento hacerlo mejor. ¡Pero qué difícil es!

Bueno, pues en el curso te hacen varias preguntas al principio; ¿Si le abrieseis la puerta a vuestro hijo dentro de 30 años, qué os gustaría ver? Bien, pues la lista era del hij@ perfecto. Pero todos sabemos, que eso se consigue casi desde la cuna. ¿Cómo vas a pretender que tu hijo sea calmado si te ve gritar a diario? ¿o que sea cariñoso si nosotros no lo somos? ¿o que lea si nosotros no leemos con ellos?

Lo primero que aprendi fue que los niños son espejos. Si tu le hablas a tu hijo en modo cocodrilo (cansada, gritando, perdiendo la paciencia), él te va a responder igual: cocodrilo. ¿Qué hay que hacer? Tú, que eres adult@, te ves que estás en “modo cocodrilo”, tienes que irte a dar un paseo, o ponerte música y desaparecer un par de minutos para calmarte. Y desde la calma, recuperas tus razonamientos y vuelves a decirle a tu hijo que lo que le ibas a decir. Pero esta vez mucho más tranquil@.(y sí, le tienes que decir que te vas dos minutos a calmarte jajaja) FUNCIONA INCREIBLE!!!!

Los niños son espejos y reproducen todo lo que ven. Pero claro… a las 20h estas demasiado cansando para controlarte a veces. Pues la Diciplina positiva te da herramientas para gestionar esos momentos, y a crear un atmósfera en casa basada en la conversación y el diálogo.

Creo que todos los padres deberían hacer este curso desde que sus hijos tengan unos 6 meses. Porque te enseña a entender a los niños, te enseña a que si tu gritas a tu hijo, tu hijo te responderá con gritos, que si tú le enseñas a participar en las soluciones a los problemas del día a día, ellos serán personal y profesionales resolutivos.

A muchas de las que fuimos, se nos saltaron las lágrimas de felicidad y tristeza. De ver lo bien que podemos llegar a hacer las cosas y de saber que siempre se está a tiempo de mejorar.

Con este post, no solo quiero animar a todo el mundo a hacerse un bueno curso de Disciplina positiva, sino deciros que, aunque sigo pegando algún grito y castigando de vez en cuando, os prometo que lo he reducido a mucho más de la mitad. Y no me ha costado nada de nada. Os lo prometo. Mi marido (al que le agradezco infinitamente que saliera todos los jueves corriendo de la oficina) ha venido a casi todos los talleres para que los dos sigamos la misma línea y lo mejor es que los dos estamos super convencidos de que es la buena línea a seguir.